Vilcabamba, la última capital Inca

Miguel Gutiérrez Garitano

En primavera de 1537 el imperio Inca había perdido su batalla contra los españoles, pero no estaba vencido del todo. El emperador Manco decidió emprender una campaña de guerrillas desde el punto más alejado de su imperio, el Antisuyu. En su nuevo hogar, Manco Inca fundó la ciudad de Vilcabamba, a la que los clérigos españoles aludían como "escuela de la idolatría, cuyos docentes eran magos de la abominación". Desde este refugio escondido por la montaña y la selva, Manco y sus descendientes resistieron a los conquistadores hasta que, en 1572, el general Hurtado de Arbieto entró en la ciudad -incendiada y abandonada por sus moradores- y capturó al último inca, Tupac Amaru, que sería ejecutado poco después. Arruinada e invadida por el verde, la última capital de los incas libres cayó en el olvido durante casi cuatro siglos.

 

La obsesión por dar al fin con la ciudad de Manco Inca provocó algunas de las más sugerentes aventuras en tierra sudamericana. Machu Picchu fue descubierta hace cien años en el seno de una expedición que buscaba, en realidad, Vilcabamba la Grande. El líder de esta partida, Hiram Bingham III, tras estudiar las fuentes de la época, pocas semanas después de alumbrar Machu Picchu, arribó a unas ruinas desperdigadas en medio de la selva a las que los lugareños llamaban Espíritu Pampa. El lugar coincidía al dedillo con la descripción de las crónicas españolas, pero Bingham buscaba la fama, no la verdad. Así que, hasta su muerte, en 1956, se empeñó en que Machu Picchu era en realidad la última capital inca, a pesar de que las evidencias apuntaban en otra dirección.

 

La verdad sobre Vilcabamba la trajo, en verano de 1957, un aventurero ególatra y mentiroso llamado Eugene Savoy. Al poco de pisar Perú fundó la secta del Grupo Andino del Misterio y proclamó a su hijo -fallecido con tres años- como el nuevo Mesías del cristianismo. Mientras trataba de convertirse en el nuevo Jesús, Savoy viajó hasta Espíritu Pampa, donde permaneció tres semanas saqueando las ruinas. Demostró que Bingham se equivocaba y que los restos de Espíritu Pampa son, en realidad, los de Vilcabamba la Grande. La pista final se la dieron las tejas que encontró, ya que, según las fuentes españolas, Vilcabamba se diferenciaba de otras ciudades incas porque sus edificios usaban tejas, técnica que había copiado de los invasores. Pero no todo el mundo está convencido de que Espíritu Pampa sea Vilcabamba. El periodista gallego Santiago Valle, que ha protagonizado numerosas expediciones desde 1990, está convencido que las ruinas descubiertas por él en una zona remota conocida como "Lugargrande" corresponden a la mítica Hattun Vilcabamba, en detrimento de la tesis oficial que la sitúa en Espíritu Pampa.

 

Tras la nueva Machu Picchu

 

Todavía quedan, al menos, dos ciudades por descubrir en la zona del río Apurimag. Juan Arias Topete, enviado por la Corona en 1710 para medir la riqueza de las minas de la región, habla de la ciudad de Chuquitiray y de "un pueblo de plateros del Inca". Imbuidos de la fiebre de los descubridores recorremos doscientos kilómetros de montaña y selva; visitamos las ruinas de Choquequirao, Vitcos, Pampaconas y Espíritu Pampa. Convivimos con los quechuas, que nos invitan a cui (cobaya) asado acompañado de moralla (conserva de patata), y nos enseñan sus escuálidos huertos y las minas de plata donde se desloman a diario buscando una veta que nunca aparecerá.

 

La zona es bastión de los restos de Sendero Luminoso, que, acaudillados por los hermanos Quispe Palomino, mantienen en jaque a las fuerzas gubernamentales. A nuestra llegada, dos chicos del censo han sido asesinados, la comisaría de Lucma, capital de la región de Vilcabamba, volada con un lanzagranadas y lo que queda de un coche patrulla yace agujereado a balazos.

 

Un campesino nos cuenta que en su finca hay "un edificio inca, pero ahorita no se puede ir porque una cueva cercana es refugio de senderistas". Otro lugareño nos describe unas terrazas de cultivo antiguas y nos confía su situación. Benjamín Cobos, mítico guía que acompañó a Savoy, nos habla de los restos de "una ciudad junto a un lago", y lo propio hace Iván Quispe Cuzi, nuestro guía. Creemos saber dónde están las últimas ruinas, pero al final debido a la amenaza