Miguel Madariaga y Mikel Landa

El animador del Tour y el Giro salva a la Fundación Euskadi

:: JESÚS GÓMEZ PEÑA

En pleno julio, Marsella recibió al Tour con el público en la calle. La ciudad francesa iba a ser escenario de la contrarreloj final. Mikel Landa estaba a unas horas de jugarse la tercera plaza de la que al final le separó apenas un segundo. Poco antes, supo que la Fundación Euskadi, el equipo donde creció, se apagaba tras casi 25 años fabricando ciclistas. Landa, su mejor producto, olvidó por un momento la contrarreloj, agarró el teléfono y llamó a Miguel Madariaga, el presidente de la Fundación.


Miguel andaba en el caserío. Su proyecto se moría. Le sorprendió la llamada de Landa. Cruzaron un par de frases. El corredor se ofreció a darle el relevo como sostén de la Fundación. El pacto se selló casi de inmediato. Desde el verano, Landa dirige la entidad hacia un nuevo futuro. Ya ha creado un equipo Continental, esto es, profesional de tercera categoría. Al reclamo de Landa acudieron dos firmas que estuvieron en el nacimiento del primer equipo Euskadi, la empresa de bicicletas Orbea y Etxeondo. Ese doble apoyo consolidó el proyecto.